Siempre tenemos en la cabeza, pues es cierto, que riesgo y expectativas de ganancia van asociados. Pero en ocasiones, una cartera estática puede ser mucho más rentable (a la vez que segura) de lo que pensamos.
El informe «The Flow Show» de Bank of America es un informe semanal que detalla flujos de inversión hacia diferentes clases de activos a nivel global, analizando entradas y salidas de capital hacia activos como fondos de renta fija o variable, metales, criptomonedas, etc., así como tendencias de mercado, perspectiva a nivel global, indicadores de sentimiento y advertencias sobre riesgos y estrategias de inversión.
Pues bien, el estratega de Bank of America Michael Hartnett destacó en uno de estos últimos informes una estrategia de inversión conservadora consistente en una denominada «cartera estática», con una proporción permanente y del mismo tamaño para cuatro tipos de activos, que, sin embargo, no parece tan conservadora a tenor de sus excelentes resultados a largo plazo y ante condiciones volátiles.
Aunque las carteras estáticas puedan estar denostadas ante perfiles de inversión mucho más activos, no debemos desdeñar su posible rentabilidad y validez, sobre todo para inversores con perfiles no tan activos o más conservadores.
Esta estrategia propuesta por Michael Harnett (aunque no es obra suya, sino del analista de mercado de finales del siglo XX Harry Browne), en la que destaca el atractivo de asignar de esta manera equilibrada y diversificada los activos ante, por ejemplo, la turbulencia del mercado, consiste en una cartera permanente compuesta por cuatro porciones del mismo tamaño. Voy a desgajar cómo utilizaría yo cada una esas partes:
· 25% en oro. Buscando la cobertura que ofrece como valor refugio ante las crisis y cobertura contra la inflación. Podemos invertir de diversas maneras, con oro físico, oro numismático, ETF’s de oro, etc.
· 25% en bonos a largo plazo. Buscando la protección que ofrecen durante etapas de recesión o deflación. Podemos utilizar deuda pública o privada, y aprovechar su rendimiento en periodos de deflación y tipos de interés reales bajos y en la parte del ciclo económico correspondiente a la depresión. Obviamente la bonos soberanos nos van a dar mayor estabilidad y confianza, aunque menor rendimiento que los bonos corporativos.
· 25% en acciones. Buscando el crecimiento de la renta variable cuando la economía asimismo crece, en periodos de expansión y prosperidad.
· 25% en cash (efectivo o equivalentes de efectivo). Buscando liquidez y estabilidad en las contracciones. Intentaremos que, en la medida de lo posible, este 25% no sea fundamentalmente efectivo sino equivalentes de efectivo que nos permitan sacarle cierta rentabilidad: inversiones a corto plazo de alta liquidez y vencimiento muy cercano, fácilmente convertibles en efectivo sin demoras significativas y que presenten un riesgo de variación de su valor tan bajo que pueda considerarse despreciable. Estas se pueden asimilar con el efectivo ya que son activos muy líquidos. Ejemplos: depósitos a muy corto plazo, fondos monetarios, cuentas remuneradas, etc. Esta parte ayuda a rebajar mucho los drawdowns en momentos malos, marcados por la volatilidad y la bajada de otros activos.
Esta cartera busca captar crecimiento en cualquier entorno económico, ya que cada uno de sus componentes se beneficia de un escenario diferente: Las acciones de un escenario de crecimiento, el oro de un escenario de inflación, los bonos de un escenario de deflación y el cash de un escenario recesivo. Podemos incrementar su eficiencia buscando sobreponderar cada uno de las partidas viendo el escenario en el que nos encontramos o prevemos encontrarnos.
Michael Harnett destaca el magnífico rendimiento de esta cartera comparándola con una clásica cartera tradicional compuesta por 60% de acciones y 40% de bonos, que estaría ahora mismo en mínimos de los últimos 14 años. Además, otro dato a destacar es cómo disminuye los drawdowns en años complicados.
De hecho, en los últimos 5 años habría obtenido estos rendimientos: 2020 +13%, 2021 +5%, 2022 -9%, 2023 +12%, 2024 +14%, a lo que habría habría que sumar el YTD (year-to-date) de este 2025, que es claramente positivo. Todo ello nos daría una rentabilidad anual cercana al 9% durante esta década de los 20, lo cual es una rentabilidad impresionante.
De hecho, y aunque veamos que tuvo una rentabilidad negativa del 9% en el año 2022, esta cartera apenas ha tenido años perdedores desde los años 60 del siglo XX, concretamente el año 1981, el año 2002 con la explosión de la burbuja puntocom, y el 2008 con la crisis financiera.
Una cartera estática o permanente muy a tener en cuenta por aquellos perfiles que busquen un equilibrio de simplicidad, seguridad y rentabilidad.
«No hay viento favorable para el que no sabe donde va» (Séneca)
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